miércoles, 12 de noviembre de 2008

filosofia de roma

LA FILOSOFÍA EN ROMA
1. INTRODUCCIÓN.
Los romanos comprendieron pronto que no puede separarse la palabra de la sabiduría, lo que hace que, si bien no se conservan suficientes textos teóricos anteriores al siglo I a. C., ciertas ideas confirman que la filosofía era algo que estaba presente en el sentir y en el obrar de los romanos desde muy antiguo. El romano, hombre práctico por excelencia, no se preocupó demasiado por las teorías sobre el origen y constitución del universo, su gran aportación a la filosofía fue, fundamentalmente, a través de la ética, la moral y la filosofía del comportamiento. Los romanos se interesaron por la filosofía en la medida en que ésta suponía una guía práctica para la vida. En esta línea se movieron tanto los tres grandes autores que configuraron lo que constituye el corpus de la filosofía romana (Lucrecio, Cicerón y Séneca), como otros que han resultado menos influyentes debido a la lamentable pérdida de sus obras. Los primeros atisbos que se dan en Roma de algo que pueden considerarse filosofía no son sino una serie de reflexione morales como las Sententiae de Apio Claudio el Ciego o las Sententiae que, con vistas a la educación de su hijo, escribió Catón el Censor. No obstante hay que reconocer que Roma experimentó muy pronto la influencia de la filosofía griega, sobre todo del Pitagorismo que se venía desarrollando en el sur de Italia desde finales del siglo VI a. C., y que penetró en Roma hacia finales del siglo IV. Pero no es sino tras la derrota del rey Perseo de Macedonia por obra de Paulo Emilio en la batalla de Pidna en el 168 a. C., en la que, entre otras cosas, éste se apoderó de la biblioteca de Perseo, cuando Roma descubre la grandiosidad de la civilización y cultura griega y con ella de la filosofía. Antes, incluso, se había expulsado de Roma a algunos filósofos griegos po considerarlos elementos subversivos. En el año 155 a. C., los filósofos griegos Carneades, Diógenes y Critolao, representantes principales de la escuela académica, del estoicismo y de la escuela peripatética de Atenas, fueron en una embajada a Roma y eso contribuyó a que el mundo romano entrase de lleno en la filosofía.
2. PRINCIPALES ESCUELAS FILOSÓFICAS EN ROMA.
2.1. EPICUREÍSMO.
Los epicúreos se planteaban fundamentalmente la búsqueda de la felicidad. No admitían la intervención de la divinidad en los aconteceres humanos y consideraban como bien supremo el placer que consistía en la ausencia de dolor y propugnaban una inhibición ante los asuntos concernientes al Estado, así como una crítica de las tradiciones. Precisamente esa defensa del apoliticismo fue lo que impidió que el Epicureísmo, salvo el caso del poeta Lucrecio, arraigase en Roma.
Lucrecio
Datos biográficos y perfil humano:
La filosofía y la poesía tal vez nunca se han acercado tanto la una a la otra ni se han [letrado con tanta persistencia, como en la poesía didáctica de Tito Lucrecio Caro (94/97-55 tutor al que hay que descubrir a partir de sí mismo. Pocos datos se tienen de su vida y ellos debemos fundamentalmente a Suetonio ya San Jerónimo, cada uno desde su prisma lar, así como a la correspondencia de Cicerón con su hermano Quinto, ambos seguidores entusiastas de la obra de Lucrecio.
Según se cree, pertenecía a una familia noble; y corrobora esta creencia el hecho de que en su poema parece indicar que renuncia voluntariamente a los cargos públicos y altos honores para "se a los estudios y al reposo. Se cree que siguiendo la costumbre de los jóvenes distinguidos de la época, de Roma pasó a Atenas para perfeccionarse en los estudios, conociendo allí a Zenón con quien estudió las teorías de Epicuro.
Debió ser a su regreso a Roma cuando compuso su poema De Rerum Natura ("Sobre la naturaleza de las cosas"), que dedicó a su amigo Memmio, amistad que no parecía ser demasiado correspondida y que responde quizá a una relación de patronazgo. El dato definitivo que aporta San Jerónimo sobre que enloqueció a causa de un filtro amoroso y que la redacción de su poema resultó posible gracias a sus momentos de lucidez, no parece demasiado fiable, pues la profundidad y el rigor con que la obra fue escrita dista mucho de poder pertenecer a una mente enferma o a alguien que no estuviese completamente lúcido.
Por otra parte también hay que poner en duda la afirmación del mismo San Jerónimo, acerca de su suicidio por el mismo motivo en un acceso de locura, a la edad de 43 años: verdaderamente la negación que de la providencia divina hizo Lucrecio debió resultar alarmante para el Padre de la Iglesia y, desde el punto de vista religioso, una muerte así podía entenderse como una demencia sacrílega. No obstante, tampoco hemos de alejamos demasiado de esta posibilidad, pues una actitud así en la historia de la Humanidad desgraciadamente no es rara entre los grandes espíritus libres y los artistas geniales.
“De Rerum Natura”
.- Presupuestos y pretensiones:
Del entusiasmo que suscitó la obra da muestra, como ya se ha comentado, la correspondencia de Cicerón con su hermano Quinto, quienes parece ser que pudieron encargarse de la publicación de la obra, no así de su corrección, como era habitual en la técnica editorial antigua.
La poesía de Lucrecio es un reflejo de la crisis que sufre la religión romana cuando entra en contacto con las divinidades orientales y el escepticismo griego. En efecto, intenta descubrir la apariencia y la razón de ser del mundo, pero no en sí mismo, sino para liberar al hombre del miedo a través del conocimiento:
• del miedo a los dioses, "que no existen", y
• del miedo a la muerte, "que es su parte natural".
En su opinión, es la ciencia y no los dioses, quien debe liberar al hombre de sus angustias y supersticiones. Siguiendo, pues, la doctrina de Epicuro que se basaba en el atomismo materialista de Leucipo y Demócrito (siglo V a.C.), explica la naturaleza de las cosas prescindiendo por completo de la mediación divina.
La doctrina de Epicuro (342-275 a.C.) es el mensaje de salvación anunciado: el universo que debe inspirar admiración, se hacía arbitrario e inexplicable y los hombres sufrían como víctimas de sus propias fantasías. Por eso el materialismo científico de Epicuro era una doctrina liberadora: porque permitía ver el mundo como realmente era, entendiendo su funcionamiento interior. La forma artística del poema filosófico procede de Empédocles (490-430 a.C.), el único a quien le está reservado junto con Epicuro un canto de alabanza particular (I, 717- 733). Es de capital importancia para Lucrecio hacer desaparecer las supersticiones y fanatismos: es docente y médico de almas, y, por encima de todo, poeta.
Lucrecio estudia el cosmos, pero es sólo un paso previo para el estudio del hombre y para que éste saque el máximo provecho de los bienes de este mundo. La liberación se logra sabiendo que todo el mundo es perecedero y la felicidad se encuentra en la vida sencilla, libre de pasiones y de otras inquietudes del alma. Estudia la percepción y los sentimientos humanos y considera al hombre compuesto de cuerpo y alma, si bien piensa que el alma es mortal, al contrario que los átomos que componen el mundo. En este sentido es el más freudiano de los poetas latinos, pues tocó temas como:
• el funcionamiento de la mente humana,
• la explicación de los sueños,
• la sexualidad humana y
• los efectos psicológicos del miedo y la inseguridad.
Para Lucrecio, el que supere la religión se convierte en el fundador de otra religión: la razón. y en ésta el temor a la intervención divina en este mundo y al castigo tras la muerte es totalmente infundado, pues el mundo y todo lo que hay en él (el alma y el cuerpo, naturalmente) es material y está regido por las leyes mecánicas de la naturaleza. El poema de Lucrecio no es un simple ataque a la religión popular, por más que ésta supusiese la manipulación de las clases altas sobre el pueblo y el miedo a la condena eterna o a la superstición, sino que su objetivo es mucho más amplio e importante: ataca toda una forma de ver el mundo en términos teológicos, de explicar sus movimientos y su misterio como testimonio de la intervención de un poder superior.
.- Estructura y contenido de la obra:
Al pretender exponer la física de Epicuro en un solo poema, se vio condicionado en la elección de la forma, por medio de una obra extensa. Lucrecio llevó a cabo la renovación del género, abandonando la forma menor del poema didáctico por la obra a gran escala. Con sus seis libros, perfectamente sopesados y medidos, cada uno de ellos equivalente en extensión a un poema didáctico griego de los que habitualmente se componían, confirió a la poesía didáctica unas dimensiones cercanas a las de la epopeya.
Et poema (7.415 hexámetros) se divide en seis libros, agrupados de dos en dos, y todos comienzan con un elogio a Epicuro. Resaltan también en la estructura las digresiones que a menudo se independizan del cuerpo del texto. Los tres bloques temáticos se agrupan en tomo a las siguientes ideas:
 Primer Bloque: Los libros I y II tratan de la naturaleza de los átomos y sus propiedades, de las leyes de la caída y de los choques entre los átomos que producen la energía. Cabe también resaltar que el poema comienza con una soberbia invocación a Venus, diosa de la vida creativa, siendo un canto al poder fecundo de la naturaleza que propaga y conserva la vida en el mundo y cuyo culto debía servir de asunto al poema. Del mismo modo se le solicita que conceda inspiración al poeta y paz a Roma.
 Segundo Bloque: Los dos libros centrales se ocupan de la naturaleza humana y sus componentes: el alma y el cuerpo. Explica su teoría de la "fisiología sensorial", diciendo que los átomos hieren los sentimientos produciendo sensaciones. y por tanto, de la misma manera que se puede combatir y superar el miedo a la muerte, también se puede combatir y superar el delirio amoroso, denunciado como el destructor del estado ideal epicúreo, esto es, la tranquilidad del espíritu.
 Tercer Bloque: En los dos libros finales expone sus ideas sobre la totalidad del universo: tras un extravagante discurso de elogio a Epicuro, pasa revista a los fenómenos naturales y culturales. Así trata sobre cosmología, meteorología, vegetales, animales, etc. para finalmente volver sobre el hombre y la historia de la cultura humana. Concluye con un relato terrorífico sobre la peste y la plaga en Atenas (429 a.C.).
El carácter inacabado de la obra se manifiesta tanto en la manera brusca de acabar como en la repetición de bloques enteros de versos, aunque esto último bien pudiera deberse a la reiteración propia de la poesía de carácter didáctico.
.- Influencias, Fuentes y Estilo:
Su principal fuente es el propio Epicuro, aunque también conocería las doctrinas de Heráclito, Anaxágoras, Demócrito y Platón. Sin embargo el poema está impregnado de un espíritu ardiente y combativo no muy acorde con el dogma de Epicuro. Lucrecio versificó la filosofía epicúrea, mezclando así lo útil con lo dulce; su poesía no tiene una función meramente ornamental, sino que contiene en sí misma la materia y la forma de una auténtica obra de arte.
Sus hexámetros tienen gran peso y dignidad, aunque admiten prácticas métricas que los poetas posteriores prefirieron eludir. Como él mismo manifiesta, ha de empezar por superar la "pobreza de la lengua patria", pero el ardor de sus pensamientos se adecua al brillo de su poesía: descripciones sueltas, símiles brillantes y logrados dan plasticidad y grafismo a la hondura conceptual de sus relatos. El tono moderadamente arcaizante confiere a su obra autoridad y dignidad.
Efectivamente, el estilo muestra la influencia de los antiguos poetas latinos, particularmente Ennio, así como la de los POETAE NOVI. Usa libremente la aliteración, la asonancia e incluso la rima, lo mismo que la repetición (sintagmas, frases y pasajes) y las construcciones y formas arcaicas, y no vacila en inventar palabras nuevas incluyendo adjetivos compuestos como "terriloquus" ("que usa palabras terribles") y "horrisonus" ("que produce un ruido terrorífico").
De la misma manera no es ajeno a recursos de la tradición popular, como la ironía mordaz, el uso ocasional del lenguaje coloquial y el hábito de dramatizar el argumento. Todo ello, unido a la influencia de la épica arcaica, produce una sensación de exuberancia, propia de un poeta con gran seguridad en sí mismo a la hora de unir elementos tan variados que se manifiestan en características como la acumulación de argumentos, el uso de dobletes, la estructura oracional compleja, juegos de palabras ("innumero numero"), etc.
Lucrecio es consciente de su propia originalidad y de la dificultad que entraña el tratamiento de un tema didáctico en poesía, y más aún en latín, sin ninguna tradición de escritura filosófica en verso. Ante el problema del vocabulario, lo que el filósofo perdió en precisión, el poeta lo ganó en claridad y energía de estilo. Para ello emplea un tono variado que va desde la sobria exposición al himno solemne. En su poema, claramente descriptivo, la elección de verbos y participios es más importante que la de adjetivos pintorescos o epítetos decorativos, porque para explicarlo que hay más allá de la superficie de las cosas, se necesitan palabras de acción.
Ya pesar de que Lucrecio no era hombre de compromisos sociales, a través de la poesía didáctica supo llegar al compromiso emocional de todo poeta (impresionar y hacerse inteligible): totalmente heterodoxo desde el punto de vista epicúreo, que no consideraba apta a la poesía para la exposición de su doctrina, supo llegar a una especie de armonía creativa en la que acertó a combinar claridad y emoción poética. Con ello alcanzó su propósito claramente manifestado en I, 34: "tocar todo con el encanto de las Musas".
.- Pervivencia y consideraciones finales:
Lucrecio aporta su arte, su estilo y su temperamento poético. Su condición de romano estaba en pugna con aquellos dogmas que afectaban a la vida pública y él ni puede ocultar su ansiedad política ni consigue mantenerse aislado en los recintos asépticos de la filosofía. Como poeta, poseía una personalidad que no es fácil de imaginar en su contexto social, donde constituía una doble osadía el proclamar en un poema no sólo la doctrina de Epicuro, sino también su Física. Este prejuicio de escuela contra la poesía no impresionó a Lucrecio que, aunque asimiló la doctrina de su maestro, no adoptó de la misma manera su temperamento.
Resulta curiosa en este sentido la comparación entre los diálogos filosóficos de Cicerón, que fueron apareciendo en la misma época y donde el elemento romano prima por doquier, con la obra de Lucrecio donde los elementos romanos están perfectamente equilibrados con los griegos. Ello se debe principalmente a que el objetivo de nuestro poeta no era la regeneración nacional (sí en Cicerón ), sino la salvación personal, a pesar de que indudablemente las convulsiones socio- políticas de la época debieron afectarle.
De ahí que haya dos temas que sin tratarlos específicamente, preocupan en gran manera a nuestro poeta:
A) La conducta moral, cuya única guía son el placer y el dolor; entendiendo el placer como la calma que procede de la liberación del dolor, del deseo, de la preocupación y del miedo. La tranquilidad de espíritu y la capacidad de enfrentarse con serenidad a las catástrofes de la vida son reverenciadas con devoción.
B) El progreso cultural: el progresivo envejecimiento de la "physis" de la tierra se entrecruza con la línea ascendente del desarrollo de la Cultura y la Civilización. En este condicionamiento mutuo la responsabilidad del deterioro recae exclusivamente en el hombre, quien llega a perder de vista sus verdaderas necesidades, abusando de su entorno.
El canto a Venus del libro I y la descripción de la peste de Atenas al final del VI representan precisamente a manera de símbolos esta contraposición entre la belleza y majestad del mundo frente a la miseria humana, con la que el poeta no deja de sentirse solidario.
Para terminar basta con hacer una referencia a la admiración que Lucrecio suscitó tanto en su época (ya nos hemos referido a Cicerón) como posteriormente. Quizás sea Virgilio quien más definitivamente lo manifieste con su famoso hexámetro de las Geórgicas (II, 490): "Felix qui potuit rerum cognoscere causas", y no fue el único: Estacio, Ovidio... ya pesar de haber sido olvidado en la Edad media, resurge con fuerza por obra de Montaigne, Goethe y otros, gracias a los cuales sigue iluminando a numerosos autores contemporáneos.

2.2. ESTOICISMO.
Esta doctrina filosófica, para la que el Universo está animado por una llama divina, el "Logos" o Mente, de la que tiene parte todo ser humano, y que cree que la finalidad de la vida, la felicidad, consiste en la Virtud, es decir, en la conformidad de la acción humana con las leyes de la naturaleza, que no son más que el orden divinamente impuesto al mundo, y que predica la sociabilidad natural del hombre, tuvo en Roma muchos adeptos. Hay que destacar dos importantes épocas del desarrollo del Estoicismo en Roma.
2.2.1. Época temprana.
Es el momento de su llegada a Roma y de su implantación con la ayuda de influyentes personajes que admiraban profundamente la cultura griega. Como notables autores de esta doctrina filosófica destacan en la primera época:
Panecio de Rodas. (184-110 a. C.)
Fue amigo y consejero de Escipión Emiliano. No se nos conservan obras, sino referencias en otros autores.
Posidonio de Apamea. (135-51 a. C.)
Fue profesor de grandes personalidades como Varrón, Cicerón o Pompeyo. Conocemos algo de su filosofía a través de referencias que nos dan otros autores como su discípulo Cicerón.
2.2.2. Época posterior.
Culmina el desarrollo de esta doctrina filosófica, si bien pasa por circunstancias políticas adversas como la expulsión de filósofos de Roma que se llevó a cabo bajo el reinado del emperador Domiciano. Como autores más sobresalientes de este periodo tenemos:
Lucio Anneo Séneca. (Córdoba 4, Roma 65 d. C.)
Datos biográficos. Aunque nacido en Córdoba, pasó casi toda su vida en Roma, donde recibió una esmerada educación y, por consejo de su padre Séneca el Retórico, decidió comenzar su carrera política. Tuvo problemas en tiempo del emperador Calígula y sólo su débil salud que hacía suponer que fallecería pronto, lo libró de la sentencia de muerte. En tiempo del Emperador Claudio fue, por instigación de Mesalina, desterrado a Córcega, donde permaneció ocho años, hasta que fue reclamado, a instancias de Agripina la nueva esposa de Claudio, para hacerse cargo de la educación del joven Nerón. Una vez que Nerón llegó al trono Séneca desempeñó un gran papel como consejero del emperador, siendo prácticamente él quien gobernó los diez primeros años del reinado de Nerón. Cuando el emperador empezó a prescindir de él, se retiró a la vida privada. Acusado de pertenecer a la conjura de Pisón, fue sentenciado a muerte y se suicidó, abriéndose las venas, dando con su muerte quizá el mejor testimonio de los ideales estoicos que había proclamado en vida. Su esposa Paulina quiso imitar su ejemplo y suicidarse también, pero el emperador no lo permitió y ordenó que se le restañasen las heridas.
Producción filosófica. Aunque Séneca cultivó también otros géneros literarios (tragedias y la sátira contra Claudio), lo más relevante de su producción literaria lo constituyen sus obras filosóficas, en las que expone el ideal de la filosofía estoica. Estas obras podemos dividirlas en cuatro bloques:
1. Consolaciones: Escribió tres, dos dedicadas a amigos que pasaban por circunstancias altamente adversas, en ellas les da sabios consejos para que no les falle el ánimo; son las dirigidas a Polibio y a Marcia. La tercera es la dirigida a su madre Helvia, para confortarla de su pesar por el destierro del filósofo a Córcega.
2. Diálogos: Son pequeñas obras, que no son propiamente diálogos, sino ensayos sobre problemas de moral. Los temas tratados en ellos son muy variados, desde cómo debe ser la clemencia de los gobernantes, hasta cómo debe el sabio aprovechar su tiempo de ocio; los títulos de dichos diálogos son: De providentia; de constantia sapientis; de ira; de uita beata; de otio; de tranquillitate animi; de breuitate uitae; de beneficiis; de clementia.
3. Naturales quaestiones. Son siete libros dedicados a Lucilio donde realiza, a la luz de la filosofía estoica, un examen de los fenómenos naturales. Más que una obra científica es un tratado filosófico en el que su propósito era encontrar en la naturaleza un fundamento para la ética estoica y exponer su concepción sobre la divina providencia.
4. Epistulae morales (cartas a Lucilio). Son 124 cartas distribuidas en diez libros, que si bien tienen un destinatario al que Séneca alude en todas ellas, van destinadas a un público más amplio. Constituyen un verdadero tratado de dirección espiritual. Para Séneca la filosofía no es sólo una búsqueda desinteresada de la verdad, sino el profundo deseo de vivir conforme a la verdad y a la naturaleza. Aunque todos los hombres necesitan de la filosofía, no todos pueden dedicarse a ella; por eso es obligación del sabio enseñar a los demás. La misión del intelectual es buscar no sólo su propia perfección, sino también la de los otros. Sólo la vida de acuerdo con la verdad hace al hombre libre y semejante a Dios; idea que está muy cercana a la frase evangélica "Veritas liberabit uos".
Ideario filosófico de Séneca. Las principales ideas que dominan la filosofía de Séneca son:
1. El dominio espiritual sobre los reveses de la fortuna.
2. Reafirmar la serena placidez del ánimo, reivindicando los tres pilares estoicos de la firmeza: alegría, prudencia y voluntad. Desprecio por la riqueza, pero uso benefactor de ella.
3. Dignidad individual del ser humano sólo por el hecho de serlo.
4. El contenido de la existencia forma la uirtus, que es el sumo bien, valorando más el esfuerzo por conseguirla que su propia consecución.
5. Rechazo a la ira, la angustia y el aburrimiento.
6. Supremacía del alma sobre el cuerpo.
7. La idea de Dios como mente del Universo y de la Providencia como un espíritu divino que revive en el hombre.
Valoración literaria y pervivencia. El estilo literario de Séneca es brillante, lleno de colorido y de artificios retóricos como era propio de su formación. Ha sido muy imitado y traducido. No sólo se le admira por su estilo literario, sino ante todo por sus ideas. Séneca fue muy admirado en su tiempo; fue objeto de juicios contradictorios y decayó su simpatía con la reacción clasicista que vino tras la muerte de Nerón; pero pronto su éxito fue rehabilitado, sobre todo después que Tácito habla de su renuncia al poder y de su muerte. El cristianismo antiguo y la Edad Media lo consideraron un precristiano por haber tocado temas morales relativos a dignidad del hombre. Se le ha reprochado, a veces, la frecuente contradicción entre la elevada moral que predica en sus escritos y su vida; pero, pese a todo, su influencia ha sido decisiva en todos los grandes pensadores de Occidente.
Epicteto (50-130 d. C.)
Desarrolló gran parte de su labor en Roma de donde fue expulsado por el emperador Domiciano por la opinión del filósofo a su tiranía. Escribió en griego.
Flavio Arriano.
Discípulo de Epicteto, recoge sus lecciones e ideas y las publica con el título de Diatribas.
Marco Aurelio. (161-218 d. C.)
Con el cambio de los tiempos el estoicismo llegó a resurgir de nuevo en Roma y uno de sus más eximios cultivadores fue el emperador Marco Aurelio, que supo compaginar sus ocupaciones políticas y sus campañas militares con sus aficiones filosóficas cuyo reflejo transmitió a la legislación y a la administra ción del Imperio. Su obra Meditaciones, escrita en griego y siguiendo las enseñanzas de Epicteto, puede considerarse como la última obra de la filosofía estoica en la antigüedad. Recoge en ella los tópicos de la filosofía estoica, insistiendo en la idea religiosa de la providencia divina que todo lo orienta hacia el bien del universo y del hombre capaz de valorar el verdadero bien. La gran lección de este emperador filósofo fue su constante esfuerzo por acomodar su conducta pública y privada a sus convicciones filosóficas.
2.3. ECLECTICISMO.
Puede considerarse como una mezcla de las ideas de la filosofía epicúrea y estoica junto con otras tendencias filosóficas de la época como las ideas de los filósofos cínicos, incorporando a su modo de vida lo que ven que de cada una de las demás escuelas filosóficas se adapta más al carácter romano. Los autores más destacados de esta escuela son:
Marco Terencio Varrón. (116-27 a. C.).
Fue un autor polifacético que cultivó multitud de géneros literarios. En su ideario filosófico reconocía la existencia de un dios único, alma del mundo, que gobierna según la razón. Admitía que la felicidad se alcanza cuando el hombre se realiza en su totalidad y que la vida era una mezcla hecha tanto de placer como de acción. Entre sus obras de carácter filosófico destacan De philosophia y De forma philosophiae, pero lo más notable de su producción filosófica son los Logistorici, 76 libros de discusiones histórico-filosóficas que contienen diversos tratados al estilo ciceroniano: Atticus de numeris, Metellus de ualetudine, Pius de pace, etc. De estas obras se nos han transmitido fragmentos y referencias en las obras de otros autores. La influencia de la filosofía cínica la hallamos en sus Sátiras Menipeas.
Marco Tulio Cicerón. (106-43 a. C.)
Datos biográficos. Nació en Arpino en el seno de una familia acomodada pero que no tenía antecedentes en el desempeño de magistraturas políticas. Recibió una esmerada formación en Roma y la completó en Atenas y Rodas. Desempeñó todas las magistraturas políticas y durante su consulado en el año 63 descubrió la Conjura de Catilina, a la que puso fin consiguiendo la condena a muerte de los implicados, este hecho lo encumbró hasta tal punto que se le concedió el honroso título de pater patriae; pero unos años después, al llegar su rival político Clodio al tribunado de la plebe, Cicerón fue desterrado de Roma y sus bienes fueron confiscados. Con el favor de Pompeyo y de otros personajes influyentes, le fue levantado el destierro, volvió a Roma en olor de multitudes y se le restituyeron sus bienes, pero ya su estrella política había empezado a declinar. En la guerra civil entre César y Pompeyo estuvo de parte de éste, el vencedor César lo perdonó como a otros muchos, pero Cicerón, desilusionado por los acontecimientos políticos y abatido por las vicisitudes en el plano personal (divorcio de su esposa Terencia después de más de 25 años de matrimonio, nuevo matrimonio con la joven Publilia con la que parece que no consiguió vivir en armonía, muerte de su querida hija Tulia y nuevo divorcio de Publilia), se retiró de la escena política, para reaparecer, fugazmente, tras el asesinato de César y enfrentarse abiertamente a Marco Antonio, lo cual hizo que éste lo pusiera en las listas de proscritos y que fuese vilmente asesinado a finales del año 43 a. C.
Producción filosófica. Cicerón introdujo en Roma las doctrinas filosóficas griegas, haciendo accesible a los romanos algo que hasta entonces había estado reservado a la élite culta conocedora del griego. No crea una obra original, pero su mérito reside en su capacidad de síntesis , en su claridad expositiva, la creación de una terminología filosófica de la que carecía la lengua latina. Dentro de su eclecticismo muestra una especial predilección por Platón. Sus tratados filosóficos pertenecen a dos etapas muy diferentes de su vida: una primera etapa, posterior a su vuelta del destierro, en la que Cicerón aún tiene esperanza en el restablecimiento del antiguo régimen republicano, es la época en que escribe sus
• Tratados de filosofía política:
1. **De Re publica. Obra en seis libros, que sólo se nos ha conservado de forma fragmentaria. Expresa la síntesis idealista de su pensamiento político con una entrega total y desinteresada al servicio de la patria; como idea principal de este tratado destaca la primacía absoluta del derecho sobre la violencia. El fragmento más amplio y significativo de esta obra es el conocido como Sueño de Escipión.
2. **De Legibus. Cicerón sostiene aquí la existencia de una ley mora natural, grabada en el alma de los seres humanos y rectora del mundo. Cicerón funde las dos clases de justicia donde la primordial es aquella que da a cada uno lo suyo. Relaciona las leyes con el Estado, combinando la filosofía griega y el pensamiento jurídico romano. Una segunda etapa, posterior a la victoria de César sobre Pompeyo en la que Cicerón, desengañado de la política y abatido por sus propios infortunios, escribe obras filosóficas de clara intención ética y siempre siguiendo la pauta del filósofo académico Carneades. Las obras correspondientes a esta etapa son:
• Tratados morales:
1. Paradoxa Stoicorum, tratado de índole preparatoria a la filosofía donde defiende las tesis de los filósofos estoicos.
2. Hortensius, tratado concebido como invitación a la filosofía; no se nos ha conservado, pero sabemos que fue la obra que influyó decisivamente para que San Agustín se dedicara al estudio filosófico.
3. Academica, explicaciones sobre la teoría del conocimiento como el reconocimiento de la Verdad.
4. De finibus bonorum et malorum, expone las teorías de las diferentes escuelas filosóficas sobre el Bien Supremo, concluyendo que la virtud es suficiente para alcanzar la felicidad.
5. Tusculanae disputationes, tratado en cinco libros donde defiende la inmortalidad del alma y elimina los miedos a la muerte y al dolor.
6. De officiis, plantea el conflicto entre lo honesto y lo útil, llegando a la conclusión de que hay que sacrificar el interés personal ante las exigencias de la ley natural y del interés del Estado y la sociedad.
7. Cato maior de senectute, reflexiones sobre la vejez que da al hombre el impulso para sublimarse y espiritualizarse en el apartamiento de la política y en la búsqueda de la verdadera gloria que nace de la virtud.
8. Laelius de amicitia, pequeño tratado en el que pone de relieve que la verdadera amistad busca su fundamento en la moralidad pura y justifica la ternura de los sentimientos.
• Tratados religiosos:
1. De natura deorum, refuta en tres libros la teoría de Epicuro de que los dioses aunque existen, no se preocupan de los hombres. Según Cicerón el mundo ha sido creado y está gobernado por la providencia divina como defienden los estoicos.
2. De diuinatione, En los dos libros que constituyen esta obra refuta las creencias de los estoicos en un arte adivinatoria.
Ideario filosófico de Cicerón. Cicerón fue el primero en proponer una filosofía de la esperanza, del progreso y del juicio provisional. Al comprender la marcha del pensamiento como un progreso infinito hacia una Verdad que está por encima de dicho pensamiento, lo asume conciliando una filosofía de la esperanza y una experiencia de la inquietud: "la verdadera felicidad no consiste en la posesión, de suyo imposible, de la Verdad, sino en la búsqueda nunca acabada y nunca frustrada de la misma". Afirma que la virtud basta par alcanzar la felicidad, esforzándose por conciliar el respeto hacia el cuerpo y los bienes que le son propios con el primado absoluto del espíritu. Con Cicerón el lenguaje, la cultura, la gloria y la excelencia, la virtud, la educación del hombre, el deber, la amistad, el amor, lo conveniente, etc, son conceptos reelaborados y asumidos a partir de la philantropía y la paideia griegas. Estaba convencido de que todos los seres humanos poseían una chispa divina, que unía el hombre al hombre y exigía que se tratasen unos a otros con respeto mutuo. El humanismo ciceroniano es aún hoy el ideal en que se basa gran parte de a civilización actual, reconociéndole el esfuerzo por fundir en una unidad de análisis la condición humana y la educación del hombre, mediante el lenguaje, la belleza y el amor.
Valoración literaria y pervivencia. Cicerón llevó la prosa latina a su más alto grado de perfección. Su lenguaje es de una belleza y elegancia insuperable, con una constante preocupación por usar siempre términos y expresiones de la más pura latinidad. Su figura se yergue como la cumbre más alta del Siglo de Oro de la literatura latina. Su influencia en los escritores posteriores ha sido siempre constante, acrecentándose sin cesar en la Edad Media y alcanzando su máximo nivel con los eruditos del Renacimiento, que supieron ver en él el ideal de hombre culto, brillante, humano y práctico en el desempeño de sus funciones ciudadanas y hasta tal punto lo tenían como modelo que la mayoría de escritores renacentistas se preciaban de no escribir una sola palabra latina que no hubiese utilizado Cicerón.
2.4. PLATONISMO MEDIO Y NEOPLATONISMO.
En estas escuelas filosóficas se encuentra un intento de unidad entre la filosofía platónica y aristotélica. Se trata de una postura ecléctica que da también entrada a las exigencias religiosas de tipo oriental, a elementos pitagóricos, etc.
Apuleyo (127-170 d. C.)
Pese a ser muy conocido por su novela El asno de oro, no puede dudarse que Apuleyo fue un gran amante de la filosofía y como tal debe entenderse el conjunto de sus numerosas obras de contenido muy variado pero que todas ellas tienen como denominador común el reflejar la curiosidad del científico y entusiasmo del escritor filosófico. Conservamos en este campo tres tratados:
1. De Platone et eius dogmate. Síntesis introductoria a la física y a la ética de Platón, interesante por la transmisión de las doctrinas del platonismo medio.
2. De deo Socratis. En esta obra lo más llamativo es el desarrollo del problema de los "démones", esos seres misteriosos e intermedios entre los dioses y los hombres. Termina con una invitación a los lectores a abrazar la sabiduría.
3. De mundo. En esta obra se insiste más en la armonía del mundo que en la eternidad del mismo. En ella se distancia bastante de las doctrinas de Platón y de Aristóteles.
Los filósofos latinos posteriores a Apuleyo se caracterizan más por la erudición que por la especulación filosófica y se les incluye dentro del Neoplatonismo. El autor más importante de esta escuela filosófica fue Boecio (480-524 d. C.) que, después de haber desempeñado las más importantes magistraturas, fue acusado por el Senado de alta traición por las relaciones que, según se sospechaba, sostenía con Bizancio, y en consecuencia fue condenado a muerte. En el tiempo que transcurrió entre su condena y su ejecución escribió una famosa obra en cinco libros titulada De consolatione philosophiae en la que nos ofrece una perspectiva madura tanto espiritual como artísticamente de su concepción del mundo. Es un diálogo entre el propio autor que espera ser ejecutado y la Filosofía personificada, que le recuerda su condición de ser dotado de una naturaleza inmortal destinada a la unión con Dios.